Con poca sorpresa, porque la verdad ya no sorprende, los ciudadanos hemos observado recientemente un nuevo caso de posible corrupción que involucra a un Vocal Supremo del Poder Judicial.
La Democracia se sostiene en un trípode que lo conforma tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Cuando una pata falla la democracia se pone en riesgo. Nuestro país, diría que de milagro, la democracia se sostiene a duras penas en sus tres patas. Es conocido todo lo que ha ocurrido y aún sigue ocurriendo en el Poder Legislativo, hay una actitud de enmendar su rumbo y eso es loable. Pero lo que le sucede al Poder Judicial si es un caso grave teniendo en cuenta los intentos de reformar y en otros de reestructurar este poder que ya no puede sostenerse así mismo y menos cumplir con sus responsabilidades constitucionales.
La historia del Poder Judicial es la historia de un poder huérfano, es la historia del hermanastro mal visto en especial por el hermano “Ejecutivo” y al cual le hace la comparsa el otro “hermanito” (Legislativo). Los escasos gobiernos civiles de carácter autoritarios, amén de los militares; han echado sus raíces de prácticas de favoritismo político, por eso nunca tuvo oportunidad de surgir como una institución fuerte e independiente, reflejo de ello es la estrechez de su presupuesto, no conviene que tenga autonomía presupuestaria, se torna en un poder molesto, por eso en vez de servir de contrapeso al ejecutivo y al legislativo está a la búsqueda de “congraciarse” con la familia.
Hechos como el tomar la justicia por su propia mano nos lleva a reflexionar si la Libertad y el estado de Derecho deben de seguir poniéndose en riesgo. Pilar Domingo, analista legal de la Universidad de Londres, afirma que existe una alarmante unanimidad en cuanto a la falta de confianza en el Poder Judicial: "En Argentina, sólo 13 por ciento de los consultados dijeron algo positivo acerca del poder judicial; en Perú, 92 por ciento desconfía de los jueces; en Brasil, un 79 por ciento no tiene confianza en el sistema judicial". Para muchos ciudadanos los tribunales ni representan el poder ni ofrecen justicia, por lo tanto abona en debilitar más nuestra frágil y alicaída democracia.
Porcentaje de presos sin sentencia, casos que duran años, etc. siempre ha sido uno de los indicadores más lacerantes de la ineficiencia del sistema judicial. En un estudio de Human Rights Watch (1998), se arribó a la conclusión de que, en promedio, 70 por ciento de los reclusos en América Latina y el Caribe aguardaban sentencia. Unido al hacinamiento de presos no hacen más que alarmar sobre la bomba de tiempo que todo esto conlleva y a pensar si así el Estado ayuda a la rehabilitación del preso.
Por otra parte nos preguntamos si es posible que se pueda auto reformar o reestructurar por sí solo, da la sensación de que la respuesta es no, casi es como el caso del drogadicto que afirma que se va a reformar y todo queda en palabras porque siempre vuelve a las andadas. Pienso que es tiempo que las otras dos patas del trípode de la democracia unido a una participación de la sociedad civil organizada acometan la tarea de ayudar a este poder y vigilar los procesos, caso contrario nos veríamos arrastrados a una situación que ningún país desea. A problemas complejos soluciones integrales ¡Arreglemos el trípode o se nos caerá la Democracia!, esa es la tarea.
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